La dictadura (suave) de la luz

Mañana entra en vigor la nueva tarificación de la luz. No se habla de otra cosa hoy en las redes (bueno, sí, del procés, como siempre). Hay quien se lo toma con humor, como el Yuyu. Es la mejor forma de hacerlo, no cabe duda, porque como uno se sumerja a reflexionar sobre el asunto se puede llevar un mosqueo que, de todas formas, no le va a evitar tener que pagar más.

A mi la reflexión de todo esto me ha llevado a dos puntos, que de hecho están en el extremo opuesto a mi ideología política: el liberalismo. Este es un momento tan bueno como cualquier otro para recordar el diagrama de Nolan, que es como más me gusta explicar el liberalismo:

Según Nolan, el liberalismo persigue y defiende la libertad individual y la económica. Es un gráfico muy útil cuando los Populares se dicen liberales, ya que eso de la libertad del individuo (decidir con quién casarte, cómo tener hijos, interrumpir un embarazo, cómo y cuándo morirte o incluso qué decir en redes sociales) lo llevan regular nada más.

Pero esta vez quien hace una injerencia sobre la libertad del individuo no es el Partido Popular, sino el Socialista. Y ojo con esto porque según Nolan el socialismo se ubicaría precisamente hacia ese vértice, el de controlar la libertad económica pero respetar la libertad del individuo. Y lo de la luz, me temo, ataca a las dos libertades.

En primer lugar ataca a la libertad económica. Incide sobre el precio final de la luz, por lo que condiciona los precios de las empresas privadas que comercializan energía. ‘¿Por qué, Señor Estado, me obliga usted a cambiar los precios de mi producto y no me permite comercializarme como a mi me dé la gana?’ podrían preguntarse las eléctricas.

Pero resulta que leyendo sobre el asunto parece ser que el Gobierno, lejos de querer recaudar más (qué disparate, si dijeron que no subirían los impuestos a las clases medias y ya han subido, o están a punto, el iva, el irpf, el diesel, los peajes de las autovías y las cuotas de autónomo) lo que pretenden es reeducar a los ciudadanos, enseñarles que hay horarios mejores en los que hacer ciertas cosas. Ser más europeos, supongo.

Así conseguirán tumbar costumbres tan españolas como la siesta, ya que de 14 a 18 hay que aprovechar para poner lavadoras o planchar. O nos harán madrugar aún más. Quién quiere levantarse a las 6 pudiendo levantarte a las 4 para poder hacer la comida a una hora en la que no te cueste un riñón.

Una de mis franjas favoritas es la tarifa ‘valle’ de 8 a 10:00, que va a afectar muchísimo a las familias… que tengan a todos sus miembros en el desempleo, porque los que trabajen, a esa hora, no van a poder aprovechar para gastar luz porque estarán en el trabajo. De donde seguramente, si hacen jornada continua, se vayan a las 17:00 y lleguen a su casa justo a tiempo para empezar a pagar tarifa cara.

No hablemos ya de familias con más de 3 hijos y termo eléctrico que tenga que concentrar todas sus duchas en la franja de 22:00 a 0:00… Y todavía tienen la cara dura de decir que 19 millones de españoles van a poder ahorrar muchísimo con este nuevo sistema.

Es imposible, por tanto, no preguntarse… ¿por qué, señor Estado, tiene usted que meterse en mis horarios de cocina, lavado y planchado de ropa? ¿No hay otras formas de resolver la transición ecológica que a base de impuestos y obligando a las personas a alterar sus modos de vida? ¿No es esto, acaso, una forma de dictadura blanda, silenciosa, simpaticona, pero dictadura al fin y al cabo?

Dejen que me duche cuando me salga de los membrillos.